Negociación salarial
Cómo pedir un aumento de sueldo sin pedir perdón
No se pierde por la cifra. Se pierde en los quince segundos de antes.
15santes de la cifra: ahí se pierde
Casi todo el mundo prepara la cifra, pero descuida la entrada. Ahí se decide buena parte de la conversación. Cuando alguien empieza con «perdona que te robe cinco minutos, no sé si es buen momento…», ya ha comunicado dos cosas antes de llegar al asunto: que le incomoda pedirlo y que acepta que le digan que no es el momento.
Los tres arranques que hunden la petición
- El disculpado. «Perdona», «sé que no es el mejor momento», «no quiero molestar». Cada disculpa resta autoridad a lo que viene después.
- El comparativo. «Es que Marta cobra más que yo». Convierte tu petición en un problema de agravio ajeno, y la respuesta será sobre Marta, no sobre ti.
- El personal. «Es que me ha subido la hipoteca». Tus gastos no son un argumento de empresa. Duro, pero es así.
Lo que sí funciona: pedir la cita aparte
El primer error es tener la conversación en el pasillo. Se pide cita, con asunto, y se dice el asunto:
¿Tienes media hora esta semana? Quiero revisar contigo mi retribución. Te paso antes un resumen de lo que llevo hecho este año para que lo mires con calma.
Esto hace tres cosas. Le quita el factor sorpresa —nadie concede dinero pillado a contrapié—. Te da derecho a media hora entera en vez de a un pasillo. Y sobre todo: te obliga a escribir el resumen, que es el 80 % de la preparación.
El resumen: tres cosas, con número
No es una lista de tareas. Son tres logros con una cifra o un hecho comprobable al lado. «Llevé la cuenta de X, que facturó un 20 % más que el año pasado». «Cubrí la baja de Y durante cuatro meses sin que se cayera nada». «Reduje las incidencias de Z a la mitad».
Si no encuentras tres, esa es la información. No quiere decir que no merezcas la subida: indica que la conversación de este trimestre es otra —qué tendrías que estar haciendo para lograrla— y esa también conviene tenerla.
Lo que hacen quienes negocian a diario
En cualquier profesión donde una conversación mueve dinero de verdad, nadie entra sin haberla dicho antes en voz alta. Los negociadores profesionales ensayan; los abogados hacen simulacros de vista antes de un juicio; los equipos de compras de las grandes empresas preparan la reunión con alguien haciendo de proveedor. La conversación del sueldo mueve, en una carrera, más dinero que la mayoría de esas reuniones. Y casi nadie la ensaya ni una vez.
La cifra: dila tú, y dila entera
Y bueno… no sé, pensaba que quizá se podría revisar algo, lo que veas.
«Lo que veas» es regalar la negociación. La otra parte propondrá lo mínimo, porque es su trabajo, y tú ya has dicho que lo aceptarás.
Con lo que llevo asumido este año, creo que mi sueldo debería estar en 38.000. ¿Cómo lo ves?
Cifra concreta, razón delante y una pregunta abierta al final que obliga a responder algo más que sí o no. Y después de decirla, silencio. El silencio incómodo de tres segundos es tuyo, no lo rellenes.
Cuando dicen que no hay presupuesto
Es la respuesta más frecuente y casi nunca es el final. Aceptarla y marcharse no ayuda; conviene convertir ese no en un cuándo:
Lo entiendo. Entonces, ¿qué tendría que pasar para que sí lo hubiera? ¿Y cuándo lo revisamos?
Si hay respuesta concreta, tienes un plan y una fecha. Si no la hay —si el «no hay presupuesto» no se convierte nunca en condiciones— también has aprendido algo importante sobre dónde trabajas.
Para llevarte
- Pide cita con asunto. No lo saques en el pasillo.
- Tres logros con número. Si no salen tres, esa es la información.
- Di la cifra tú, entera, y luego cállate.
- Ante el «no hay presupuesto»: ¿qué tendría que pasar y cuándo lo revisamos?
Lo que se ensaya no es el argumento. Es aguantar los tres segundos de después.
¿La tienes la semana que viene?
Media hora conmigo y hago de tu jefe. Con las respuestas que de verdad te va a dar, no con las fáciles.
Pedir una demostración gratis